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2008/10/24

Reflexiones sobre la ciencia para juristas, economistas... y demás gente curiosa


La ciudad de Alejandría, en el norte de Egipto, ha sido una de las ciudades más importantes en relación con la cultura y la ciencia. En su famosa biblioteca, se albergaban infinidad de libros que contenían gran parte del saber del mundo antiguo. Allí se realizaron numerosos descubrimientos por personas de diferentes países. Sin embargo, entonces la ciencia y la cultura eran el privilegio de unos pocos, y los nuevos descubrimientos ni se explicaban ni se popularizaban. La mayoría de la población no tenía la menor idea de lo que estaba sucediendo dentro de aquellos muros, y los resultados de las investigaciones, salvo excepciones, no se traducían en algo útil para aquellas gentes. Por ello, no es de extrañar que nadie acudiese en ayuda de Hypatia de Alejandría cuando los seguidores de Cirilo la asesinaron salvajemente en el año 415. Hypatia, mujer de gran talento y cultura, fue el último científico que trababajó en la biblioteca. Poco después, nadie se preocupó en evitar el incendio y total destrucción de la biblioteca por una muchedumbre enfurecida. La pérdida fue irreparable: la mayor parte de las grandes obras del mundo antiguo desaparecieron para siempre.

Tal vez, los acontecimientos habrían sido otros si los habitantes de Alejandría hubieran sabido que, allí, se estaban sentando las bases de las matemáticas, la física, la astronomía, la biología, la medicina y la literatura. Por eso, es una tarea importantísima para el científico la divulgación de los trabajos que realiza, de esta forma la gente puede entender su esfuerzo e implicarse, en cierta forma, en la aventura que supone la investigación científica.

Los resultados de las investigaciones científicas se han plasmado en avances tecnológicos cuyo desarrollo se inició, fundamentalmente, en el siglo XIX, con la primera Revolución industrial, y se ha incrementado, de forma extraordinaria, en los últimos cincuenta años, con el advenimiento de la electrónica y la informática, soportes indiscutibles de la revolución tecnológica que estamos viviendo. Como decía Karl Popper, filósofo de la ciencia austríaco, en una conferencia pronunciada en el Foro Príncipe de Asturias de la Expo-92:" El trabajo manual exhaustivo, pesado y devastador, que tuvieron que realizar millones de hombres y mujeres ha desaparecido en las sociedades occidentales. Yo pude conocerlo y nadie que no lo hiciera podrá tener idea alguna de la diferencia: esta es la verdadera revolución que debemos al denostado crecimiento de la tecnología."

La ciencia y la tecnología que de ella deriva sigue siendo todavía la gran desconocida, cuando no denostada, como decía Popper. En estos momentos, el conocimiento de los principios de la ciencia y sus implicaciones debería ser una parte esencial en la formación de cualquier persona . Además, hay una serie de elementos en el método científico que son de gran valor en otros aspectos de la vida. El primero y quizá el más destacado sea una visión racional del mundo. Las cosas suceden con arreglo a unas leyes, y, por ello, se pueden conocer y predecir.La física, en particular, y la ciencia en general nos ayuda a pensar en términos cuantitativos, lo que no implica el utilizar matemáticas más o menos complejas, sino más bien el tener una idea aproximada de los órdenes de magnitud de las variables que intervienen en el problema.El segundo elemento es de uso imprescindible en el campo de la investigación; se trata de identificar entre un conjunto, en ocasiones muy amplio, de factores aquellos que tienen una mayor influencia en el fenómeno objeto de estudio. Esta técnica se debería aplicar en otras muchas situaciones, pero no suele utilizarse con demasiada frecuencia.


El tercer elemento se refiere a la belleza, por una parte deberíamos considerar la propia belleza del método científico y la emoción que embarga al investigador en los instantes en que realiza un descubrimiento, y, por otra habría que combatir la idea equivocada al considerar que la ciencia, de alguna manera, le resta belleza a la observación de la naturaleza. El movimiento de los astros no se afea porque conozcamos algo sobre las leyes que lo gobiernan o sobre la composición y estructura de las estrellas y de los planetas. Uno de los físicos más destacados de este siglo, el premio Nobel Richard Feynman, lo expresaba del modo siguiente:!¿Qué clase de hombres son los poetas que pueden hablar de Júpiter como si fuese un hombre, pero permanecen callados si se trata de una inmensa esfera giratoria compuesta de metano y amoníaco?".

Reflexiones interesantes que se plantean en el libro que acabo de leer: "Física para juristas, economistas... y demás gente curiosa". Roberto González Amado. Ed. Crítica. Barcelona 1996.ISBN 84-7423-792-0.
Breve descripción:A través de la física, la más básica de las ciencias de la naturalezam este libro, basado en un curso interdisciplinar que el autor impartió en la Universidad Carlos III de Madrid (es catedrático de física aplicada en dicha universidad), ilustra la esencia del método científico para todas aquellas personas curiosas que estén dispuestas a realizar una lectura paciente y reflexiva. Asimismo, esta obra es imprescindible para los profesores y estudiantes de bachillerato, para los primeros años de las carreras de ciencias e ingeniería, así como para los cursos de humanidades.